17 de abril de 2026
El plástico: ¿Aliado o enemigo del planeta?
El plástico transformó muchos aspectos de la vida moderna, pero su uso masivo y mala gestión lo convirtieron en un desafío ambiental urgente.
En los autos que manejamos, en la tecnología que usamos, en la ropa con la que nos vestimos. El plástico está donde quiera que mires. Es un material que cambió radicalmente la sociedad e hizo posible el mundo moderno como lo conocemos... Actualmente, su incorrecta disposición final afecta a los seres humanos y a la naturaleza, pero en un principio supuso un alivio para algunas especies. A mediados del siglo XIX, los elefantes estaban en peligro de extinción debido a la enorme demanda de marfil que había. Este se utilizaba para producir muchísimos objetos, como teclas de pianos, peines, piezas decorativas o bolas de billar. Frente al miedo de quedarse sin materia prima, un proveedor de bolas de billar puso un anuncio en un diario ofreciendo diez mil dólares a quien encontrase una alternativa factible al marfil. Alrededor de 1868, un joven autodidacta llamado John Wesley Hyatt dio con un material moldeable que podía volverse tan duro como el marfil y al que bautizó "celuloide". El celuloide resultó ser el primer plástico viable de fabricar a gran escala. La aparición de este material artificial significó un desahogo para ciertos recursos naturales, y significativamente para especies al borde de la extinción producto de la caza indiscriminada. Fue así que este nuevo material permitió la sustitución de materias primas de origen animal (colmillos de elefantes, caparazones de tortugas, entre otros) para la fabricación de objetos de lujo para la sociedad. Además, fue un material que democratizó el consumo de muchos bienes que eran, hasta el momento, solo de la élite. Pero en algún momento perdimos el control. En 1950, el mundo produjo 2 millones de toneladas de plástico anuales. En 2015, la producción anual alcanzó 381 millones de toneladas, un incremento aproximado de 20.000% en solo 65 años. En ese mismo período, la población mundial aumentó un 300% aproximadamente. En valores acumulados, este crecimiento sostenido resultó en 7,8 mil millones de toneladas de plástico producidas durante este período, lo cual corresponde a más de una tonelada de plástico por cada persona viva en el año 2015. Hoy en día, la contaminación plástica es un problema global urgente. Esto se debe principalmente a dos motivos. Primero, hacemos uso y abuso del material, porque al ser tan barato y resistente, se fabrica —prácticamente— todo con plástico. Lo cual es sumamente problemático si el objeto tiene una vida útil promedio de 20 minutos y luego termina en la basura, con una degradación que puede llevar cientos de años. ¡Como sociedad estamos desaprovechando constantemente recursos del planeta convertidos en productos que no necesitamos, o que, si son importantes, luego no se reintroducen al circuito productivo y dejan de servir de materia prima para otros bienes estando en perfectas condiciones! ¿Estamos un poco locos? Quizás. En segundo lugar, en Argentina y otros países en vías de desarrollo, las iniciativas de gestión correcta de los residuos son escasas y aisladas. Los residuos en general —incluyendo todo tipo de plásticos— enfrentan un final en basurales a cielo abierto, ríos, mares, sin control ni técnicas de saneamiento, rellenos sanitarios insuficientes o próximos a agotarse, escasas y aisladas iniciativas de recuperación y reciclado de materiales, falta de recursos financieros y una incertidumbre general respecto del escenario futuro de una problemática que solo encontró soluciones parciales y provisorias. Así, la problemática se torna en un tópico complejo derivado de la falta de un abordaje integral que comprenda el ciclo completo de los residuos. Se necesitan cambios profundos en el diseño de los productos, en su consumo, en la generación de residuos y en la correcta disposición final y, fundamentalmente, en la reinserción en el mercado de los materiales recuperados. En Argentina, la gestión final de los residuos sólidos urbanos (RSU) es sumamente deficiente. Los municipios —encargados de la disposición final en nuestro país— requieren de entre el 15 y el 30% del presupuesto anual total para resolver el problema de la basura y, aun así, de acuerdo al Diagnóstico sobre la gestión de los residuos sólidos urbanos en municipios de la Argentina de CIPPEC (2012), no alcanza. Además, existe una gran falta de información presupuestaria en las áreas de gestión de RSU. Esto quiere decir que los gobiernos locales no siempre cuentan con estudios de caracterización de RSU, entre otros análisis e información sobre residuos, que permitan calcular los costos reales de su gestión, tanto en recolección como en disposición final, y que faciliten la introducción de pautas de tratamiento exitosas. Tecnología desactualizada y poca voluntad política se suman a la hora de decidir qué hacer con el plástico. No es fácil reinsertar el material al mercado, ni que este sea competitivo si no hay aporte y empuje del sector público que se sume a las iniciativas del sector privado. Imagen de plásticos. El plástico: ¿aliado o enemigo del planeta? - EcoLink La verdad es que, pese a las problemáticas que encontramos, no odiamos al plástico ni creemos que podamos vivir una vida sin él. Por ejemplo, en muchos países de ingresos bajos a medios, la falta de packaging en los alimentos es un asunto importante en materia de seguridad alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA) enfatizó que la falta de packaging, guardado y refrigeración lleva a pérdidas significativas postcosecha. Pérdidas que, en casi todas las etapas de la cadena alimentaria, podrían haberse reducido si se hubiera utilizado packaging apropiado. Tampoco consideramos que la solución sea solo utilizar alternativas "ecofriendly", ya que en varios casos han demostrado tener mayor impacto ambiental. De hecho, se han realizado estudios que comparan el impacto ambiental de las bolsas de polietileno con otras alternativas como las de algodón orgánico... y, honestamente, el resultado es difícil de aceptar, porque, contrario a lo que estamos acostumbrados a escuchar, la ciencia tiene mucho que decir sobre la demonización del plástico y, en varios casos, la sentencia es a favor de este material. En breves palabras, la mejor alternativa a las bolsas de plástico comunes son bolsas de tela sintética de plástico reutilizables. ¿Pero cómo procedemos como consumidores en nuestro día a día ante tanta desinformación? En resumen, la idea radica en intentar reducir la cantidad de plástico innecesario que producimos y mejorar radicalmente la forma en que gestionamos el que no podemos evitar generar, para que no se filtre al ambiente sin control. ¿Pero cuál plástico es necesario y cuál no? No existe actualmente un consenso universal acerca de los “mejores” y “peores” materiales. Los materiales tienen impactos relativos distintos sobre las distintas mediciones de impacto ambiental. Esto lleva, en última instancia, a decidir sobre los sacrificios que se deben realizar. Por ejemplo, algunos materiales liberan menos gases de efecto invernadero o requieren menos agua y fertilizantes para ser producidos, pero su tratamiento postconsumo es complicado comparado con otros que, por ser “orgánicos” o “biodegradables”, aseguran tal vez una mejor disposición final, pero consumen más recursos y/o poseen mayor huella de carbono en su producción. Lamentablemente, para el tema de los plásticos no hay respuesta simple; siempre va a depender del impacto ambiental que más te preocupe. Un estudio realizado por la Agencia de Protección Ambiental Danesa demostró que el plástico tiende a emitir significativamente menos gases de efecto invernadero en su producción, requiere menos energía, tierra, agua y fertilizantes que sus alternativas (papel, aluminio, algodón y vidrio). Comparando el impacto ambiental de las bolsas de plástico que se utilizan para las compras con otras alternativas, como las bolsas de algodón —común y orgánico— y las bolsas de papel —blanqueado o sin blanquear—, se llega a la conclusión de que prescindir del plástico puede agravar la problemática ambiental de manera integral. Es importante recalcar que el estudio pone en evidencia cuántas veces habría que utilizar diferentes tipos de bolsas no plásticas para que quede compensado su impacto con relación al de las bolsas de plástico. Para que quede más claro, una bolsa de algodón orgánico debería ser utilizada 20 mil veces para que su impacto se asemeje al de haber utilizado una bolsa de plástico una sola vez; si la usamos una segunda vez para los residuos, esa diferencia se duplica. Es por esto que opciones de plástico que puedan reutilizarse gran cantidad de veces suelen estar mejor posicionadas en los análisis comparativos. Entrando en la industria del reciclaje, la dura realidad es que existe una gran variedad de plásticos que no fueron pensados para reciclarse, y, de la gama “reciclable”, es bajo el porcentaje que se recicla, a pesar de que el plástico se ha convertido en una parte integral de nuestras vidas. Es esa conveniencia la que ha hecho crecer el problema de la basura plástica que está contaminando el ambiente, y los ecosistemas acuáticos en particular. Además, y este es un dato que no se comunica habitualmente, el ciclo del reciclaje no es infinito para el plástico; esta idea solamente sirve para justificar el uso indiscriminado de plástico de un solo uso, ya que “terminará siendo reciclado”, lo cual no sucede con habitualidad. En la práctica real, de todo el plástico reciclado, solamente el 10% ha sido reciclado más de una vez. Para cerrar, nos gustaría proponer un rumbo para "repensar" los problemas y soluciones del plástico. En principio, es necesario hablar de este tema, posicionarlo en la agenda pública y debatir el rol del plástico en nuestra vida. Creemos que es fundamental la inversión intelectual y monetaria en todo lo que hace a la gestión del material, desde su uso como recurso para diseñar y producir objetos, hasta su recolección y disposición final como residuo. Es decir, invertir fuertemente en: educación ambiental con foco en los residuos, para realizar una separación consciente que lleve a hábitos sustentables de reducción, reutilización y reciclado; rediseño de productos para facilitar su reuso y recuperación; y, finalmente, un adecuado circuito de reciclaje y tratamiento final de los residuos recuperables y no recuperables, correspondientemente. Además, creemos que esto debe estar fuertemente complementado con una conciencia colectiva y cultural acerca de la reducción del consumo (y producción) de plásticos innecesarios (que no son todos). Por último, apoyamos la realización de estudios serios sobre el verdadero impacto de todo lo que consumimos hoy en día, desde los plásticos hasta sus “alternativas ecofriendly”. Por Ab. Valentina Castillo Barnetche Colaboraron: Biol. Fabricio Aguirre, Lic. Federico Gauna, Ing. Andrea Oliveras Brambilla Julio 2021

